sábado, 25 de marzo de 2017

En esta noche

La Madonna me acompaña en esta noche de estudio. En esta noche donde avanzo a paso lento e inseguro. En esta noche donde las reflexiones me disminuyen. En esta noche donde el tercer café cargadísimo amenaza con invocar a Guajardo. En esta noche donde he meado demasiado y me hace recordar a esas noches de alcohol, noches que tengo en pausa. En esta noche donde Guachupé se esfuerza – a través de la nostalgia– en reencantarme. No lo logra. En esta noche donde esas reflexiones son gatilladas por mí mismo de manera estúpida. Una de dos: o soy masoquista o no me conozco. Me inclino por la primera. En esta noche donde los ronquidos de la Madonna testifican su presencia, como queriendo hacerse presente. Como queriendo dejar en claro que esta allí conmigo, aun cuando podría estar durmiendo más cómoda, durmiendo a la oscuridad y arriba de la cama. Pero acá está, conmigo, acompañando en el martirio, martirizándose ella también. Ayudándome a sentir y atenta por si llega Guajardo a tocar el timbre de mi garganta.