Como es costumbre y tan característico en el colegio, específicamente los cuartos medios, estamos haciendo los típicos polerones, esos que son personalizados, por lo general negros con ciertos diseños y con el nombre correspondiente de cada alumno. En lo que respecta al cuarto humanista aún no nos ponemos de acuerdo, y esto se ha transformado en la excusa perfecta para que algunos en más de un año recién se hablen para interactuar por la prenda que todos quieren vestir, aunque claro en algunos casos esas interacciones van de la mano de ironías e insultos. ¿Pero con qué moral vamos a hacer un polerón del curso si ni siquiera nos saludamos en la mañana, si ni siquiera nos hablamos? ¿Será que acaso queremos hacer el mejor polerón y el más cachilupi para intentar tapar todos nuestras falencias de comunicación e imperfecciones como curso? En mi caso cro que hacer la prenda es para un curso unido y de buenas relaciones entre sus integrantes, el nuestro no es el caso, pareciese que somos un conjunto de islas, por lo que hacer el abrigo sería un acto de hipocresía.
¿Cuántas veces caeremos en la hipocresía? Poniendo buenas caras a lo que no nos parece, cayendo, incluso, en lo que a nosotros mismos no nos parece y tenemos que caer en una inconsecuencia totalmente molesta y cínica, mostrando una sonrisa totalmente mentirosa a integrantes de nuestro propio círculo familiar, que no nos puede caer mal porque es de la familia y no nos queda otra que fingir y demostrar que nada ha pasado.
Finalmente esperaremos unas cuántas semanas a ver si nos ponemos de acuerdo, por lo menos algunos se están diciendo unas cuantas cosas a la cara, pero de aquí a lograr una unidad, la buena convivencia y que desaparezcan esas islas, para hacernos realmente merecedores del famoso polerón. Díficil.