miércoles, 3 de julio de 2013

El plácer de hacer las cosas por plácer.

Salí de vacaciones, a pesar de que hoy era oficialmente el día en que empieza el receso de a mediados de año yo me adelanté y dejé de ir hace varios días, exceptuando el lunes que tuve que ir porque tenía que rendir una prueba. No tenía sentido ir estos últimos días, el único fin era calentar el asiento; los promedios se habían sacado el miércoles de la pasada semana y seguíamos yendo porque había que cumplir horarios y fechas estipuladas, uno que otro profesor pasaba materia adelantando materia para el segundo semestre pero por lo mismo: no había nada más que hacer.

En estos días ,que me tomé, no me he dedicado solo a flojear y hacerlo todo improductivo, por el contrario, he retomado esos libros que me compro para consumirlos por amor al arte pero, que, desgraciadamente tengo que postergarlos constantemente porque tengo que darle prioridad a aquellos que me imponen en el colegio y si no me hago responsable de su adecuada lectura seré mal calificado. Siento que este tipo de cosas son las que me colapsan y que más me molestan y que de pasada me violentan: que me impongan las cosas. Tener que hacerlas por obligación, creo no ser el único que cuando tiene que hacer las cosas por obligación menos ganas tiene de hacerlas, me desanimo, y más frustrante es cuando les dedicas tiempo y no obtienes el resultado que esperabas, porque, cuento aparte es la subjetividad que existe en todo tipo de correciones: y en un control de lectura ocasionalmente para salir con una buena nota tienes que poner lo que el profesor quiere que pongas y no con lo que tu te quedaste.

Apenas me despreocupé del colegio retomé Calendario 2008-2011 de Francisco Mouat,  un libro que adquirí hace unos meses y que dejé de leer porque tenía que leer Cien años de soledad.Precisamente en una de las crónicas .que se presentan cerca del final del libro, Pancho Mouat  hace mención a un libro de Alejandro Zambra llamado "No leer" donde el autor reivindica el derecho a no leer, a negarse leer eso que no se quiere  leer. Que la moda literaria se vaya al diablo. Leer en cambio a nuestros autores, a los que escriben porque no tienen otro camino para vivir y saben que en algún ricón hay un lector como nosotros que convertirá a sus páginas en un libro valioso en un tesoro.

Terminé Calendario, siento que no me agradó del todo sin embargo no me arrepiento de haberlo leído porque en más de una oportunidad me dejó un gusto agradable por lo que no lo considero como un fracaso en mis primeros pasos como lector. Además en mi estante aún hay libros que no he tenido el privilegio de empezar a consumir, uno de ellos es El principito, libro que me regaló una persona muy especial en un etapa no menos importante de mi corta vida. No dejo de tener un poco de sentimiento de culpa, puesto que este libro me lo regalaron en noviembre del año pasado y  he ido aplazando su lectura. Lo debí haber leído al instante dicen que es bastante bonito, y tiene un detalle muy importante que destacar: es la versión bilingüe, es decir, Ernesto, la persona quién me hizo el obsequio no pasó por alto mi conocido interés por el inglés. Le agradezco a Ernesto porque inconscientemente me dió una segunda oportunidad con este libro, ya que años atrás tuve que leerlo para el colegio y lo leí desconcentradamente, por cumplir, y sin mayor afán de reflexionar perdiéndole todo el sentido a la lectura (porque los libros son para eso, para reflexionar, sin excepción) lo que se vió reflejado  en la nota que obtuve.

 Hoy le conté a un amigo acerca del libro que empezaré a leer y me mostró su fascinacion por este, además me di el tiempo de acotarle lo que sucedió la primera vez que lo leí a lo que me preguntó: "¿era para el colegio?" le dije que sí y me respondió: "suele suceder," dejándome en claro que no era el único y conveciéndome sin querer hacerlo que no existe nada peor que te obliguen hacer lo que a ti te gusta, y qué cuando lo hacen, hacen que te confundas; llegas a pensar que lo que te apasiona, no te gusta. Lo hacen ver feo.