lunes, 2 de septiembre de 2013

Jugar de local.

Casi siempre es mejor jugar de local; te sientes cómodo; estás en tu casa, con tu gente, en tu ciudad, en tu cancha, la cual le conoces todas las trampitas y  mañas. Así como en la vida misma. Todos nos caracterizamos por tener habilidades en ciertos ámbitos de la vida, ya sea por conocimientos, experiencias vividas ó conocidas. Es allí donde se tiene control; se maneja la situación a la perfección: eres autoridad. Rara vez sales perdiendo,  ya que eres un rey en el puesto, tanto así que nadie se atreve a desafiar a alguien en una materia que se maneja. Por ejemplo: si alguien osa a debatir con un profesor acerca de educación este inmediatamente se jactará de su vasta trayectoria en la profesión, de sus innumerables experiencias en las salas de clases, y de seguro de la distintas realidades de vida que ha visto a lo largo de su carrera como pedagogo. No debería de extrañarnos, la gran mayoría de nosotros se sentiría ofendido cuando nos debaten de ese tema en el que nos manejamos, ¿cómo se atreven? Siendo que sabemos perfectamente de qué hablamos, porque es ese el tópico, nuestro tópico, fuerte de conversación y argumentación. Incluso cuando no estás manejando un tema de discusión ocupamos analogías con nuestros tópicos para poder defendernos.

Así pasa regularmente con economistas, deportistas, escritores, políticos, futboleros, músicos, amantes de la música, étcetera, étcera. Tipos que se manejan en lo suyo, ejemplos hay por montones.

Danilo Díaz en un pasaje de su libro 80 años del fútbol chileno le pregunta a Andrija Percic, otrora técnico de Antofagasta, quién era tildado de defensivo, porqué no hacía subir a los laterales para darle algo más de ataque a su equipo. Percic respondió con una analogía, de esas dignas de enmarcar: "Los laterales son las ventanas de la casa. Si usted deja las ventanas de su casa abierta van a entrar los ladrones. ¿Y quiénes son los ladrones? Los que van por las bandas. Por eso nunca hay que dejar las ventanas abiertas". Genio. 

Algo muy parecido -por no decir lo mismo- le pasa a Chance en Desde el jardín. Él sin conocer el mundo exterior se desenvuelve en este a la perfección, cuando tiene que salir a la calle (puesto el hombre que lo apadrinó toda su vida se muere y Chance debe abandonar el que fue su hogar toda la vida) ya que todo lo que oye, a pesar de no tener idea lo relaciona con la experiencia aprendida tras estar toda una vida encerrado en un jardín, y de vez en cuando ver televisión. Esa fue la forma de sobrevivir en el momento de reventar la búrbuja. La gente quedaba impresiona con su supuesta capacidad de análisis, pero ellos jamás se imaginaron que quién estaba delante suyo era una persona ignorante, además de inexistente, que relacionaba todo con su trabajo, el cual manejaba al revés y al derecho, y dejaba pasmada a la población. Como cuando le preguntaron qué opinaba acerca de la crisis en la cual se encontraba inmerso su país a lo que respondió:

En todo jardín hay una época de crecimiento. Existen la primavera y el verano, pero también el otoño y el invierno, a los que suceden nuevamente la primavera y el verano. Mientras no se hayan seccionado las raíces todo está bien y seguirá estando bien.

Sin duda puede ser considerada, esta forma, una buena manera de analizar, pero ¿hubiesen tomado en cuenta a Chance si la vestimenta que acostumbraba a lucir hubiese sido de él y no la que le robó al anciano, que lo adoptó, después de su muerte? ¿Lo hubiesen considerado si no hubiese inventado un nombre que daba a entender que venía de una familia adinerada? Da para pensar.

Cabe destacar que este es uno de los libros que me hacen leer, y como pocas veces me agradó, por lo que se merece un espacio en mi modesta biblioteca