viernes, 5 de abril de 2013

Procesos de emancipación.

Hace dos semanas, hace exactamente dos semanas tomé, creo, la decisión más importante de mi corta vida. Después de maditarlo por casi tres años decidí hacerme el tatuaje que tanto anhelaba, eso si, sin el completo apoyo  de mi mamá y el desconocimiento de mi padre. Era una determinación tan díficil como improvisada, la decisión la tomé de la nada, había escuchado a una compañera que se iba a tatuar cierto dia, me animé y dije ahora es cuando más aún porque contaba con el dinero puesto que hacia pocos días había estado de cumpleaños y me llegó la recaudación suficiente para costear el rayado.

Estaba todo listo, ya no habían excusas para arrepentirse, me armé de valor, la noche anterior pensé en todas las consecuencias que esto podría acarrear, sin embargo no dudé por un momento. Al otro día en el colegio las ansias predominaban, la hora no avanzaba nunca y a mi compañera, la cual tambíén se tatuaba ese dia, le realizaba constantes preguntas como: "¿Estás nerviosa?, ¿estás ansiosa?, ¿estás feliz? A ver si lograba compartir ciertas sensaciones que yo sentía. Terminó la jornada escolar, pasaron algunos minutos y emprendimos el rumbo al lugar donde depositaría toda mi confianza en la persona encargada, esperando buenos resultados. Mientras caminaba hacia el local estaba nervioso, las pulsaciones estaban a mil y cuestionaba ciertas cosas. Una vez allí me encontré con el tatuador, con quién me había comunicado previamente, trajo el diseño al cual le di mi aprobación de manera inmediata, dudando un poco del tamaño, pero finalmente me convenció, calcó el diseño y manos a la obra. Empezó con su trabajo y a medida que la cosa avanzaba iba perdiendo el miedo al asunto, a pesar que en cierta parte era bastante doloroso. En el momento que terminó fui de inmediato a comprar algo para comer, el hambre abundaba, no habia almorzado nada y estaba algo mareado.

Era el turno de mi compañera su tatuaje no demoró más allá de treinta minutos . Era momento de partir, escuché las instrucciones de cuidado, compré lo que había que comprar y me fui para mi casa, al llegar le mostré el juguete nuevo a mi mamá y a mi hermana ambas lo encontraron muy grande pero el principal objetivo era contarle a mi papá, no sabía su reacción ni lo que diría. Así estuve por unos tres días  hasta que le dije, al principio se desilusionó un poco, pero a la postre mostró su aprobación.

Al final me cuestioné por qué pensé en un principio con esconderme, no tengo por qué hacerlo, es mi cuerpo, sere yo el que lo tenga rayado por el resto de mi vida y tengo lo que deseaba. Hacerme el tatuaje me sirvió para eso, para darme cuenta que tengo libertad de acción con mi cuerpo, no me arrepiento y no me arrepentiré ya que el equipo de fútbol es lo único que se queda contigo fijo hasta el fin de tus días.