Mi inseguridad siempre me hacía presagiar que, esa vez, la que estaba viviendo en ese momento, era la última vez. Siempre era la última vez. Pero justo ese día en la Quinta Normal, que fue la única vez que tuve seguridad en mí mismo, juré de guata que no sería la última vez, y adivinen qué: Esa fue la última vez. Perra vida